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BENEFICIOS COMPROBADOS DE LA DANZA DEL VIENTRE
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Con la danza y su movimiento la energía fluirá relajando los bloqueos del cuerpo, la cabeza y el corazón. Porque igual que la rigidez es el principio de la muerte, el movimiento es el principio de la vida.
Todos los cuerpos se alimentan de energía de diferentes maneras. La bailarina se alimenta de la energía del Sol especialmente a través de los dedos de las manos y de la gravedad de la Tierra a través de los pies descalzos.
La energía solar cambia los elementos constitutivos de la sangre de las células y por el hecho de mantener nuestra verticalidad las mujeres nos beneficiamos de los cambios que se producen en la circulación de la sangre, en el sistema linfático y hormonal y en el metabolismo entero, pudiéndose regular el ciclo menstrual, desapareciendo el posible dolor, deshincharse el cuerpo de líquido, perder grasa, etc.
Todos los movimientos amplios estimulan el sistema nervioso-emocional de modo que se altera el estado de conciencia habitual, se desecha la pereza, la expresión de cansancio del cuerpo y el aburrimiento.
Con la práctica continua se retrasa la desestructuración física y química del cuerpo, es por eso que se retrasa el envejecimiento, y los síntomas de la menopausia disminuyen y los de la adolescencia se equilibran. En el momento de la danza la mujer no tiene edad y se siente más plena.
El trabajo de mover, girar, hacer bailar a la pelvis desbloqueando todos los músculos que llegan a ella por arriba y por abajo, hacen que no se padezca de estreñimiento, ni de frigidez, ni de vaginismo, ni de incontinencia urinaria, ni de problemas de colon.
Se facilita mucho el trabajo de un parto. De hecho las mujeres en algunas tribus de países no occidentales; bailan durante el parto para hipnotizar a la parturienta y que ésta las imite y de esta forma reaccione mejor a los estímulos y contracciones del útero trabajando a favor del nacimiento del bebé y no en contra. De forma instintiva la mujer de cualquier parte del mundo, se mueve y "baila" para aliviar su dolor. El cuerpo se recupera de manera no brusca después de un parto con esta danza que nunca hace sufrir al dañado suelo pélvico (periné).
El trabajo de hombros y brazos no fatiga la columna vertebral, al contrario, se liberan tensiones que se producen en la espalda por malas posturas y problemas que cargamos encima de nosotras. Por lo tanto se alivian los dolores de espalda.´
Y por último se puede decir que con la danza del vientre una mujer, sea de la edad que sea, puede sentirse más libre, más auténtica, con más confianza en sí misma. La insuficiente educación sexual hace que las mujeres experimenten vergüenza o culpa porque al andar se mueve la zona pélvica. Hay miedo a aflojar la barriga puesto que socialmente está mal visto caminar con soltura. La sociedad favorece la negación de los atributos femeninos relacionados con la maternidad: los pechos -que nos hacen llevar sujetos haciéndonos creer que eso es bueno-, las caderas, la barriga, el pubis... Todas estas zonas del cuerpo deberíamos considerarlas con respeto ya que generan magnetismo, son fuente de creación en todos los sentidos.
Debemos respetarnos y valorarnos, y hacer que los demás nos respeten y valoren. Dejemos de padecer ya los problemas de baja autoestima que siempre han marcado a las mujeres. Esta danza tal vez pueda ayudarte mucho o poco, como puede ayudarte cualquier otra cosa en la vida.
Si ahora ha llegado la danza a tu vida es el momento de que descubras su magia y que te envuelva para ayudarte a ser más feliz. |
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EMBARAZO Y DANZA |
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La danza oriental es ideal para preparar el parto y tener una buena salud durante el embarazo. Cuando yo estaba embarazada de mi hija y después de mi hijo, aún no había empezado a bailar, pero mis movimientos instintivos en los momentos en que las molestias musculares hacían presencia, eran danzantes, hacía círculos, medios círculos y eses con mis caderas sin saber todavía que estaba haciendo pasos de danza oriental. |
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Al poco de nacer mi hijo me preparé para ser quiromasajista, después empecé a dar clases de postparto, más tarde de preparación maternal y a la vez empecé recibir clases de danza oriental. Me fui dando cuenta de la relación que todo ello tenía. Fui comprobando como con la danza mantenía el estado de buena salud de la musculatura, como disminuían las tensiones que inevitablemente cargamos sobre nuestras espaldas y lo mejor de todo fue reconocer que la danza tiene unos movimientos que benefician mucho toda la zona pélvica, sus tensiones y dolores desaparecen a la vez que se elastifica toda la zona, mejorando su circulación sanguínea, el periné se elastifica y se protege; por ello en postparto no se daña una zona que ha sufrido mucho durante el parto. En postparto, de manera no brusca pero eficaz, se va moviendo toda la musculatura abdominal que había tenido que ceder y se ayuda a que todo vuelva a su sitio.
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Durante algunos años he tenido la inigualable oportunidad de trabajar en partos naturales ayudando a las mujeres a parir. Los masajes aliviaban el dolor como el mejor anestésico natural junto con el agua caliente y los movimientos danzantes facilitaban la dilatación del útero y la bajada del bebé.
En los pueblos antiguos y aún hoy, en los que el dar a luz no se ha convertido en algo mecanizado y en los que la mujer sigue en contacto con la naturaleza, la danza durante el parto es habitual, incluso las mujeres que acompañan a la parturienta bailan junto a ella animándola a que baile para que su dilatación sea más efectiva, para que se afloje, para que se deje llevar por la música y el instinto del momento, para que respire de la mejor manera, dándole aire a su criatura, para acompañar a las contracciones y no ir en contra de ellas, en contra del parto, en resumen para que el parto sea lo más fácil posible.
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Las mujeres de países orientales que bailan danzas similares, como en los africanos y latinoamericanos durante su vida tienen, estadísticamente, unos partos mejores que los de las mujeres occidentales y ello es debido al tipo de vida, imposible de ser sedentario y a los movimientos cotidianos de sus cuerpos, tanto en las danzas como en los quehaceres en el campo y en el hogar. El caminar de estas mujeres es más ligero, contornean más sus caderas y están siempre prestas para el baile que, como hemos visto a veces en televisión a veces en persona, tiene un ritmo increíble. La musculatura pélvica de estas mujeres está en mejor forma y a la hora de parir a sus hijos y recuperarse después son mejores que nosotras. Tenemos que aprender de ellas muchas cosas, desde luego.
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En muchos países occidentales, incluida España, ya hace años que algunas mujeres se han dado cuenta de los beneficios de la danza entre los que se encuentra la salud preparto y postparto. No es nuevo pero todavía se desconoce a nivel general y se piensa que es algo demasiado extraño o demasiado exótico para cuando estás embarazada; nada más lejos de la realidad porque esta danza es muchísimo más antigua y más sabia que nosotras, mujeres del siglo XXI y todo su potencial está ahí siempre, como un regalo esperando a ser descubierto.
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Venid a probad una clase a partir del tercer mes de embarazo, sin ningún miedo. También pueden empezar las mujeres que han sido mamás, a partir del momento en que se encuentren bien para ello. Venid con vuestros bebés a los que seguro que les gusta la música y los colores llamativos de nuestros pañuelos. Después de tener un bebé, sobretodo la primera vez, las madres necesitamos estar con otras madres y hablar y contar y preguntar todo lo que nos está pasando, que es nuevo, misterioso, excitante y a la vez es lo mismo que les pasa a las otras. Nos reconforta saber que otras mujeres viven lo mismo o lo han vivido y no es tan grave como nos parece en ese momento. Las madres en puerperio se entienden porque su estado hormonal es similar y reaccionan de la misma manera en muchas ocasiones, incluso a nivel familiar o de pareja. Un espacio de encuentro en el que puedas hablar, compartir y además bailar para recuperar tu mejor estado físico y equilibrar toda tu energía lo puedes encontrar en las clases de postparto de danza oriental.
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